
Codex Calixtinus
(c. 1150)
Crónica del pseudo Turpino (1)
Prólogo
TURPIN (2), POR LA GRACIA DE DIOS
ARZOBISPO DE REIMS (3) Y CONSTANTE
COMPAÑERO DEL EMPERADOR CARLOMAGNO EN ESPAÑA, A
LUITPRANDO (4), DEAN DE AQUISGRAN (5), SALUD EN CRISTO (6)
Puesto que ha poco, mientras me hallaba en Viena (7)
algo
enfermo por las cicatrices de las heridas, me mandasteis que os escribiera
cómo
nuestro emperador, el famosísimo Carlomagno, liberó del poder de
los
sarracenos la tierra española y gallega, no dudo escribir puntualmente,
y enviarlos a
vuestra fraternidad, los princpales de sus admirable hechos y sus laudables
triunfos sobre los
sarracenos españoles, que he visto con mis propios ojos al recorrer
durante catorce
años España y Galicia en unión de él y de sus
ejércitos.
Puesto que vuestra autoridad no ha podido encontrar completas,
según me
escribisteis, las hazañas que el rey realizó en España,
divulgadas en la
crónica real de San Dionisio, sabed, pues que su autor, o por la
prolija
narración de tantos hechos o porque, estando ausente de España,
los ignorase,
en modo alguno escribió en ella detalladamente y, sin embargo, en nada
difiere de
ella esta volumen. Que viváis con salud y seáis grato al
Señor.
Así sea.
Capítulo I
Aparición de Santiago al emperador
Carlomagno
El gloriosísimo apóstol de Cristo, Santiago,
mientras los otros apóstoles y discípulos del Señor
fueron a diversas
regiones del mundo, predicó el primero, según se dice, en
Galicia.
Después, sus discípulos, muerto el apóstol por el rey
Herodes y
trasladado su cuerpo desde Jerusalén a Galicia por mar, predicaron en
la misma
Galicia; pero los mismos Gallegos más tarde, dejándose llevar
por sus
pecados, abandonaron la fe hasta el tiempo de Carlomagno, emperador de los
romanos, de
los franceses, de los teutones y de los demás pueblos, y
pérfidamente se
apartaron de ella.
Mas Carlomagno, después que con múltiples trabajos por
muchas regiones
del orbe adquirió, con el poder de su invencible brazo y fortificado
con divinos
auxilios, distintos reinos, a saber, Inglaterra, (8),
Lorena,
Borgoña, Italia, Bretaña y los demás países,
así como
innumerables ciudades de un mar al otro, y las arrancó de manos de los
sarracenos y
las sometió al imperio cristiano, fatigado por tan penosos trabajos y
sudores, se
propuso no emprender más guerras y darse un descanso.
Y en seguida vió en el cielo un camino de estrellas que empezaba
en el mar de
Frisia (9) y, extendiéndose entre Alemania e
Italia, entre
Galia y Aquitania, pasaba
directamente por Gascuña, Vasconia, Navarra y España hasta
Galicia, en donde
entonces se ocultaba, desconocido, el cuerpo de Santiago. Y como Carlomagno
lo mirase
algunas veces cada noche, comenzó a pensar con gran frecuencia
qué
significaría.
Y mientras con gran interés pensaba esto, un caballero de
apariencia
espléndida y mucho más hermosa de lo que decirse puede, se le
apareció en un sueño durante la noche, diciéndole:
---¿Qué haces, hijo mío?
A lo cual dijo él:
--¿Quién eres, señor?
--Yo soy--contestó--Santiago apóstol, discípulo de
Cristo, hijo de
Zebedeo, hermano de Juan el Evangelista, a quien con su inefable gracia se
dignó
elegir el Señor, junto al mar de Galilea, para predicar a los pueblos;
al que
mató con la espada el rey Herodes, y cuyo cuerpo descansa ignorado en
Galicia,
todavía vergonzosamente oprimida por los sarracenos. Por esto me
asombro
enormemente de que no hayas liberado de los sarracenos mi tierra, tú
que tantas
ciudades y tierras has conquistado. Por lo cual te hago saber que así
como el
Señor te hizo el más poderoso de los reyes de la tierra,
igualmente te ha
elegido entre todos para preparar mi camino y liberar mi tierra de manos de
los musulmanes,
y conseguirte por ello una corona de inmarcesible gloria. El camino de
estrellas que viste en el
cielo significa que desde estas tierras hasta Galicia has de ir con un gran
ejército a
combatir a las pérfidas gentes paganas, y a liberar mi camino y mi
tierra, y a visitar
mi basílica y sarcófago. Y después de ti irán
alli
peregrinando todos los pueblos, de mar a mar, pidiendo el perdón de sus
pecados y
pregonando las alabanzas del Señor, sus virtudes y las maravillas que
obró. Y
en verdad que irán desde tus tiempos hasta el fin de la presente edad.
Ahora, pues,
marcha cuanto antes puedas, que yo seré tu auxiliador en todo; y por
tus trabajos te
conseguiré del Señor en los cielos una corona, y hasta el fin de
los siglos
será tu nombre alabado.
De esta manera se apareció a Carlomagno por tres veces el santo
Apóstol.
Así, pues, oído esto, confiando en la promesa apostólica
y, tras
habérsele reunido muchos ejércitos, entró en
España para
combatir a las gentes infieles.
Capítulo II
Las tropas de Carlomagno asedian
Pamplona
La primera ciudad que sitió fue Pamplona. La
asedió durante tres meses,
mas no pudo tomarla, porque estaba fortificadísima con inexpugnables
murallas.
Entonces elevó sus preces al Señor, diciendo:
--Señor Jesucristo, por cuya fe he venido a combatir en estas tierras a
un pueblo infiel,
concédeme el conquistar esta ciudad para gloria de tu nombre. ¡Oh
Santiago!,
si es verdad que te apareciste a mí, concédeme el
conquistarla.
Entonces, por concesión de Dios y a ruegos de Santiago, quebradas
de
raíz, cayeron las murallas. A los sarracenos que quisieron bautizarse
les
conservó la vida y a los que se negaron, los pasó a cuchillo.
Divulgadas estas
maravillas, en todas partes los sarracenos se sometían a Carlomagno a
su paso, le
enviaban tributos, se le entregaban ellos y sus ciudades, y toda aquella
tierra se le hizo
tributaria. Se admiraba la gente sarracena al ver a los de Galia,
verdaderamente
espléndidos, bien vestidos y de elegante aspecto; y tras haber depuesto
las armas, los
recibirían honrosa y pacíficamente.
Después de haber visitado la tumba de Santiago, llegó a
Padrón
sin hallar resistencia y clavó una lanza en el mar, dando gracias a
Dios y a Santiago
por haberle llevado hasta allí, y dijo que ya no podía ir
más adelante.
A los gallegos, pues, que tras la predicación de Santiago y de sus
discípulos,
se habían convertido a la infidelidad de los paganos, los
regeneró con la
gracia del bautismo por manos del arzobispo Turpín; entiéndase
bien, a los
que quisieron convertirse a la fe y que no estaban bautizados todavía,
pues a los que
no quisieron acogerse a ella, o los acuchilló o los esclavizó
bajo el poder de
los cristianos. Después recorrió toda España de mar a
mar
Capítulo VI
Aigolando
se
apodera de
España
Vuelto por fin Carlomagno a Galia, cierto rey pagano de Africa, llamado Aigolando, con sus ejércitos conquistó la
tierra de España, tras arrojar de las plazas fuertes y ciudades, y
darles
muerte, a las guarniciones cristianas que Carlomagno había dejado para
protejer aquella tierra. Oídas estas noticias, de nuevo Carlomagno con
muchos ejércitos volvió a España. Y con él
mandaba
los
ejércitos Milón de
Anglers.
Capítulo VIII
Sahagún:
Carlomagno contra
Aigolando,
y las lanzas que reverdecieron
Luego, pues, empezaron Carlomagno y Milón con sus ejércitos a
buscar por España a Aigolando. Y como lo buscasen cuidadosamente, lo
encontraron en la tierra llamada de Campos, junto al río que se llama
Cea,
en unos prados, es decir, en un lugar llano muy bueno, en donde después
se construyó por mandato y con la ayuda de Carlomagno, la grande y
hermosa basílica de los santos mártires
Facundo y Primitivo,
en la que descansan los cuerpos de estos
mártires, y se fundó una abadía de monjes y se
levantó un grande y riquísimo pueblo en el mismo lugar.
Al acercarse, pues los ejércitos de Carlomagno, Aigolando lo
retó a
combatir como él quisiera: o veinte contra veinte, o cuarenta contra
cuarenta, o cien contra cien, o mil contra mil, o dos contra dos, o uno contra
uno. En seguida fueron enviados por Carlomagno cien soldados contra cien de
Aigolando, y fueron muertos los sarracenos. Después son enviados por
Aigolando otros cien contra cien, y también fueron muertos los
sarracenos. Luego envió Aigolando doscientos contra doscientos, e
inmediatamente fueron muertos todos los moros. Por último Aigolando
mandó dos mil contra dos mil, de los cuales fueron muertos una parte, y
otra huyó. Pero al tercer día Aigolando echó las suertes
secretamente, y descubrió la derrota de Carlomagno. Y le
desafió
a entablar betalla campal con él al día siguiente, si
quería,
lo que fué aceptado por ambos.
Hubo entonces algunos de los cristianos que al preparar con todo cuidado sus
armas de combate la víspera de la batalla, clavaron sus lanzas,
enhiestas,
en tierra delante del campamento, es decir en los prados junto al citado
río, y a la mañana siguiente los que en el próximo
encuentro
habían de recibir la palma de martirio por la fe de Dios, las
encontraron
adornadas con cortezas y hojas; y presos de indecible admiración y
atribuyendo tan gran milagro a la divina gracia, las cortaron a ras del suelo,
y
las raíaces que quedaron en la tierra a modo de plantel engendraron de
sí más tarde grandes bosques que todavía existen en aquel
lugar. Pues muchas de sus lanzas eran de madera de fresno. Cosa admirable y
grande alegría, magno provecho aquel para las almas y enorme
daño
para los cuerpos. Pero, qué mas? Aquel día se trabó la
batalla entre ambos bandos, y en ella fueron muertos cuarenta mil cristianos:
y
el duque Milón, padre de Rolando, con aquellos cuyas lanzas
reverdecieron, alcanzó la palma del martirio; y el caballo de
Carlomagno
fué muerto. Entonces Carlomagno, pies en tierra con dos mil infantes
cristianos, desenvainó su espada, llamada Joyosa,
en medio de las filas de sarracenos y partió a muchos por mitad. Al
atardecer de aquel día volveron a sus campamentos cristianos y
sarracenos. Al dia siguiente vinieron a socorrer a Carlomagno cuatro marqueses
de las tierras de Italia con cuatro mil guerreros. Apenas los
reconoció
Aigolando, volviendo grupas, se retiró a las tierras de León , y
Carlomagno con sus ejércitos regresó entonces a la Galia.
En la referida batalla puede entenderse la salvación de los
combatientes
de Cristo; pues de la misma manera que los soldados de Carlomagno cuando iban
a pelear, prepararon antes del combate sus armas para la lucha, así
también nosotros debemos preparar nuestras armas, esto es, las buenas
virtudes, para luchar contra los vicios. Quien oponga, pues, la fue contra la
herética maldad, o la caridad contra el odio, o la largueza contra la
avaricia, o la humildad contra la soberbia, o la castidad contra la lujuria, o
la
oración asidua contra la demoníaca tención, o la pobreza
contra la opulencia, o la perseverancia contra la inconstancia, o el silencio
contra los denuestos, o la obediencia contra la humana rebeldía,
tendrá su lanza florida y vencedora el día del juicio de Dios.
Oh!,
cuan feliz y hermosa será en el reino de los cielos, el alma del
vencedor
que luchó debidamente contra los vicios en la tierra! Nadie
será
coronado, sino quien haya luchado como es debido. Y como los guerreros de
Carlomagno murieron en el combate por la fe de Cristo, de la misma manera
también debemos nosotros morir para los vicios y vivir para las santas
virtudes en el mundo hasta que merezcamos tener la florida palma del triunfo
en
el reino celestial.
Capítulo XVII
Nájera:
Rolando contra
Ferragut
En seguida se le anunció a Carlomagno que en Nájera había
un gigante del linaje de Goliath, llamado Ferragut, que había venido de las tierras de
Siria,
enviado con veinte mil turcos por el emir de Babilonia para combatirle. El no
temía las lanzas ni la saetas, y poseía la fuerza de cuarenta
forzudos. Por lo cual acudió Carlomagno a Nájera en
seguida.
Apenas supo Ferragut su llegada, salió de la ciudad y los retó a
singular combate, es decir un caballero contro otro. Entonces le fue enviado
por
Carlomagno en primer lugar el dacio Ogier, a quien el
gigante, en cuanto lo vio solo en el campo, se acercó pausadamente y
con
su brazo derecho lo cogió con todas sus armas, y a la vista de todos lo
llevó ligeramente a la ciudad, como si fuera una mansa oveja. Pues
medía casi doce codos de estatura, su cara tenía casi un codo de
largo, su nariz un palmo, sus brazos y piernas cuatro codos, y los dedos tres
palmos.
Luego Carlomagno mandó a combatirle a
Reinaldos de Montalbán, y
en seguida
con un solo
brazo se lo llevó a la cárcel de su ciudad. Después se
envió al rey de Roma Constantino y al conde Hoel, y a los dos al mismo
tiempo, uno a la derecha y otro a la izquierda, los metió a la
cárcel. Por último se enviaron veinte luchadores, de dos en
dos, e
egualmente los encarceló. Visto esto y en medio de la general
expectación, no se atrevió Carlomagno a mandar a nadie para
luchar con él.
Sin embargo Rolando, apenas consiguió permiso
del rey, se acercó al gigante, dispuesto a combatirle. Pero entonces
el
gigante lo cogió con sólo su mano derecha y lo colocó
delante de él sobre su caballo. Y al llevarlo hacia la ciudad,
Rolando,
recobradas sus fuerzas y confiando en el Señor, lo cogió por la
barba y en seguida lo echó hacia atrás sobre el caballo, y los
dos
al mismo tiempo cayeron derribados al suelo. E igualmente ambos se levantaron
de tierra inmediatamente y montaron en sus caballos. Entonces Rolando con su
espada desenvainada, pensando matar al gigante, partió por mitad de un
solo tajo a su caballo. Y como Ferragut quedase desmontado y le lanzase
grandes amenazas mientras blandía en su mano la desenvainada espada,
Rolando, con la suya, golpeó al gigante en el brazo con que la manejaba
y
no lo hirió, pero le arrancó la espada de la mano. Entonces
Ferragut, perdida la espada, creyendo pegarle a Rolando con el puño
cerrado, golpeó en la frente a su caballo, y el animal murió al
instante. Finalmente a pie y sin espadas lucharon con los puños y con
piedras hasta las tres de la tarde.
Al atardecer, Ferragut consiguió treguas de Rolando hasta el día
siguiente. Entonces concertaron que al otro día acudirían los
dos
al combate sin caballos ni lanzas. Y acordada la lucha por ambas partes, cada
uno regresó a su propio albergue. Al amenecer del día siguiente
llegaron a pie, cada uno por su parte, al campo de batalla, como se
había
acordado. Ferragut llevó consigo la espada, pero de nada le
valió,
pues Rolando se había llevado un bastón largo y retorcido con el
que le estuvo pegando todo el día y sin embargo no le hirió.
Hasta el mediodía y sin que a veces se defendiese le golpeó
también con grandes y redondas piedras que abundantemente
había en el campo, y no pudo herirle en modo alguno.
Entonces conseguidas treguas de Rolando, vencido del sueño
comenzó a dormir Ferragut. Y Rolando, como cumplido caballero que era,
puso una piedra bajo su cabeza para que durmiese más a gusto.
Ningún cristiano, pues, ni aun el mismo Rolando, se atrevía a
matarlo entonces, porque se hallaba establecido entre ellos que si un
cristiano
concedía treguas a un sarraceno, o un sarraceno a un cristiano, nadie
le
haría daño. Y si alguien rompía deslealmente la tregua
concedida, era muerto en seguida. Ferragut, pues, cuando hubo dormido
bastante, se despertó, y Rolando se sentó a su lado y
comenzó a preguntarle cómo era tan fuerte y robusto que no
temía espadas, piedras ni bastones.
--Porque tan sólo por el ombligo puedo ser herido, contestó el
gigante.
Hablaba él en español, lengua que Rolando entendía
bastante
bien. Entonces el gigante comenzó a mirar a Rolando y a preguntarle
así:
--Y tú, cómo te llamas?
--Rolando, contestó este.
__De qué linaje eres que tan esforzadamente me combates?,
preguntó.
Y Rolando dijo: Soy oriundo del linaje de los francos.
Y Ferragut instistió: De qué religión son los
francos?
Y respondió Rolando: Cristianos somos, por la gracia de Dios, y a las
órdenes de Cristo estamos, por cuya fe combatimos con todas nuestras
fuerzas.
Entonces, al oir el nombre de Cristo, dijo el pagano: Quién es ese
Cristo
en quien crees?
Y Rolando explamó: El Hijo de Dios Padre, que nació de virgen,
padeció en la cruz, fue sepultado, de los infiernos resucitó al
tercer día y volvió a la derecha de Dios Padre en el cielo.
[Sigue una larga y digresiva discusión de los puntos centrales de la
doctrina cristiana, en la que Rolando habla con toda la autoridad de un
clérico y el pagano Ferragut se muestra del todo ignorante de la fe
cristiana; por muy fuerte que fuera, le confunden las sutilezas del dogma. Se
debaten, entre otros puntos, cómo Dios puede ser tres y todavía
uno; cómo una virgen pudo concebir; cómo Cristo, siendo Dios,
pudo morir, y cómo, estando muerto, pudo resucitarse (reacción
de
Ferragut: «Rolando, por qué me dices tanta tontería? Es
impossible que un hombre muerto vuelva de nuevo a la vida»); cómo
Cristo pudo haber ascendido al Cielo (respuesta de Roldán: Ves la
rueda
del molino: cuanto desciende de las alturas a lo profundo otro tanto asciende
desde lo hondo a lo alto. [...] Tú mismo, si acaso bajaste de un monte,
bien
puedes volver de nuevo al sitio de que descendiste.) De modo que lo que
había comenzado como una lucha entre los franceses y un gigante llega
ahora a ser una prueba doctrinal:]
--Entonces, concluyó Ferragut, lucharé contigo, a
condición
de que si es verdadera esa fe que sostienes, sea yo vencido, y si es falsa, lo
seas tú. Y el pueblo del vencido se llene eternamente de oprobio, y el
del
vencedor en cambio de honor y gloria eternos.
--Sea, asintió Rolando.
Y así se reemprendió el combate con mayor vigor por ambas
partes, y en seguida Rolando atacó al pagano. Entonces, roto el
bastón de Rolando, se lanzó contra él el gigante y
cogiéndolo ligeramente lo derribó al suelo debajo de sí.
Inmediatamente conoció Rolando que ya no podía de ningún
modo evadirse de aquél, y empezó a invocar en su auxilio al Hijo
de la Santísima Virgen María y, gracias a Dios, se irguió
un
poco y se revolvió bajo el gigante, y echó mano a su
puñal,
se lo clavó en el ombligo y escapó de él.
Entonces el gigante comenzó a invocar a su dios con voz
estentórea, diciendo: Mahoma, Mahoma, dios mío,
socórreme
que ya muero. Y en seguida, acudiendo los sarracenos a estas voces, le
cogieron
y llevaron en brazos hacia la ciudad. Rolando, empero, ya había vuelto
incólume a los suyos. Entonces los cristianos, junto con los
sarracenos
que llevaban a Ferragut, entraron en brioso ataque en la ciudadela que estaba
sobre el poblado. Y de esta manera murió el gigante, se tomó la
ciudad y el castillo, y se sacó de la prisión a los luchadores..
Liber Sanci Jacobi, Codex Calixtinus. Trad. A Moralejo, C. Torres y J.
Feo. Santiago
de Compostela: Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
Instituto Padre
Sarmiento de Estudios Gallegos, 1951.
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NOTAS
1. La Historia o Crónica de
Turpino, conocido hoy como el Pseudo Turpino, era el libro IV del
Codex Calixtinus que luego fue arrancado y encuadernado como
volúmen
aparte.
2. Turpin, arzobispo de Reims, muere en la batalla de
Roncesvalles tal como se cuenta en el Cantar de Roldán, sin
embargo el
Codex Calixtinus le atribuye esta epístola narrando las
hazañas de
Carlomagno en España.
3. Reims, ciudad en la región de Champagne.
Centro
religioso de los francos.
4. Luitprando, según Moralejo et al., es personaje
imaginario.
5. Aquisgrán (Aix-la-Chapelle, en francés;
Aachen, en alemán) capital de la provincia alemana del Rhin; fue
también
capital del Imperio carolingio y morada del emperador Carlomagno, por
atracción de
sus aguas termales.
6. Nótese que este comienzo es la fórmula
típica de una carta eclesiástica. Toda la siguiente
narración, entonces,
asume
la forma de una epístola del arzobispo, escrita a petitición de
un colega.
7. Vienne: ciudad del sur de Francia, en la región
de
Narbonne.
8. En realidad, Inglaterra nunca fue conquistada por
Carlomagno.
9. El Mar del Norte donde actualmente se encuentran los
países bajos.
GLOSARIO
Aigolando: personaje sarraceno que aparece en
la
poesía épica francesa. Había un Chanson d'Agoland
a
fines del siglo XII.
Milón de Anglers:
según
una leyenda épica del siglo XII, Berta e Milone, Milón es
un
simple caballero de quien hubo Berta, la hermana de Carlomagno, al
héroe
Roldán
Joyosa: la Joyeuse del Cantar de
Roldán. Según el editor A. Moralejo, en la Armería
Real
de Madrid figura una espada llamada Joyosa, atribuida antiguamente a
Roldán. Según el Cantar de Roldán, la espada
tenía encajada en el pomo la punta de la lanza que hirió a
Jesucristo en la cruz.
Facundo y Primitivo: dos
mártires de
la época romana. En el siglo 9 ya existía en el lugar
mencionado
una basílica que contenía sus sepulturas. Alfonso III
concedió el lugar, ahora en ruinas, a un grupo de monjes
mozárabes andaluces. Bajo Alfonxo VI el monasterio llegó a ser
controlado por abades franceses procedentes de Cluny. De allí se
convirtió en el centro de la reforma cluniacense en León y
Castilla.
En el siglo XII (siglo de la composición del Codex Calixtinus,
se
edificó una magnífica iglesia románica que, al parecer,
conserva las ruinas de la basílica original. Hoy no queda sino ruinas;
alguna que otra columna y las reliquias de los santos se han incorporado en
una
iglesia del pueblo. El nombre de la ciudad de Sahagún deriva del
latín Sanctus Facundus o San Facundo.
Goliath: el gigante que murió a manos del
joven
David del Viejo Testamento
Ogier: el Ogier de Dinamarca del Cantar de
Roldán
Reinaldos de
Montalbán: el
mismo Reinaldos cuyo padre lamenta su muerte en los últimos renglones
del Fragmento de Roncesvalles
Ferragut: en latín Ferracutus,
hierro
agudo (espada tajadora?), era el sujeto de una chanson de geste
francesa,
hoy perdida.
Rolando: Roldán