La función de la épica: La tradición épica de
Yugoeslavia
y la
política de los años '90
Algunos de los datos que siguen están adaptados de "Serbs of 'Greater Serbia' Find
Suffering and Decay," The New York Times, 17 de
septiembre de 1995.
Para el año 1991, la disolución de la antigua Unión Soviética
provocó cambios y
disturbios en los estados centroeuropeos que antes habían sido dominados por el
comunismo soviético. Un
resultado: el desplome del estado de Yugoeslavia. En esta zona no tardaron en manifestarse de
nuevo antiguas enemistades
étnicas, religiosas y políticas entre los habitantes. Entre el caos político de
esta disolución se
alzaó la voz de un líder, Slobodan Milosevic, reclamando la unificación de
la gente servia dentro de
una patria que él designaría "La Gran Servia".
Un reino de Servia había existido en la Edad Media con su centro en la ciudad de Kosovo,
al sureste de Sarajevo.
Pero después de su derrota en 1389 a manos de los turcos aquel reino estaba roto y los
servios desparramados y
condenados a repetidas migraciones a través de las montaña balcánicas
durante los siglo del dominio de
los turcos otomanos. En nuestro siglo, después de la primera Guerra Mundial los servios
se encontraban esparcidos
por Yugoeslavia, en lo que ahora son Croacia, Bosnia, Servia. Durante los últimos 180
años, según el
periodista Roger Cohen, el anhelo de algunos servios ha sido el de establecer las fronteras de un
estado servio
moderno.
Tal era el sueño articulado por Milosevic en 1989, sueño que ha resultado
inalcanzable, causa de enormes
sacrificios y sufrimiento por parte de lo servios. Desde el punto de nuestro estudio de la
épica medieval y su
función, sin embargo, interesan los detalles de aquella declaración original de
Milosevic. Para ello, el
líder escogió la ciudad de Kosovo, precisamente el lugar de la batalla decisiva y
desastrosa de 1389 en la que
el reino medieval de los servios cayó ante las fuerzas otomanas. La memoria de aquella
derrota se ha mantenido vivo
por ser el tema de un cantar épico que ha sobrevivido hasta el presente, una narrativa
poética que les recuerda
a los servios, en efecto, "somos los descendientes de un reino perdido en heróica lucha;
nuestro destino es el de volver
a ser una gente unida, habitantes de una patria permanente, nuestra, con fronteras fijas." En el
mismo campo de batalla,
Milosevic escogió lanzar su gran visión. La reacción de los oyentes,
más de un
milión de servios, era poderosa y apasionada.
Nos encontramos, pues, ante un indicio de la función identificadora y unificadora de la
épica. Por un lado, la
épica puede complir una función política, apelando al sentido nacionalista
y creando la ilusión
de la unidad y la autoridad legítima en medio del caos. Por otro, aún la historia de
una derrota desastrosa
(como la épica de la derrota de Kosovo, como el Cantar de Roldán, como
las leyendas de la
caída de la España visigótica) puede servir como punto de partida para la
articulación de un
pasado, unos valores comunes. Y, como en el caso de la caída de España y la del
reino servio medieval, puede
formar la primera parte de una narrativa cuyo fin, predestinado, está por cumplirse.
La
épica, como hemos
notado, no es y no era simplemente una historia del heroísmo de un pasado lejano, sino
la repetición y la adaptación de lo pasado, siempre para los propósitos y las exigencias del presente.