- Capítulo 553: De cómo Rodrigo, el último rey de los godos,
abrió el palacio que estaba cerrado en Toledo y de las pinturas de los árabes
que vió en el paño
- Capítulo 554: De la fuerza que fue hecha a la hija o a la mujer del conde
Julián, y de cómo el conde se conjuró por eso con los moros
- Capítulo 555: De la primera entrada que los moros hicieron en España
- Capítulo 557: De [. . .] cómo fue perdido el rey Rodrigo
- Capítulo 558: Del loor de España cómo es cumplida de todos bienes
Capítulo
553: De cómo el rey Rodrigo
abrió el palacio que estaba cerrado en Toledo
y de las pinturas de los árabes que vió en el paño
Mientras el rey Vitiza estaba aún vivo y desterrado en la ciudad de Córdoba,
empezó a reinar el Rey Rodrigo, el último rey de los godos.
En la ciudad de Toledo había entonces un palacio que había estado siempre
cerrado de tiempo ya de muchos reyes, y tenía muchas cerraduras, y el rey Rodrigo
lo hizo abrir porque pensaba que dentro había algún gran tesoro.
Pero cuando el palacio fue abierto no hallaron nada sino un arca, también cerrada. Y
el rey la mandó abrir, y no hallaron en ella sino un paño en que estaban
escritas letras ladinas que decían así: que cuando aquellas cerraduras fuesen
quebrantadas y el arca y el palacio fuesen abiertos y lo que había dentro fuese visto,
que gente de tal manera como en aquel paño estaban pintadas entrarían en
España y la conquistarían y serían señores de ella. Al rey,
cuando oyó aquello, le pesó mucho el haber mandado abrir el palacio, e hizo
cerrar el arca y el palacio así como estaban antes. En aquel palacio estaban pintados
hombres de cara y de parecer y de manera de vestir así como ahora andan los
árabes. Y tenían sus cabezas cubiertas de turbanas y estaban montados sobre
caballos, y sus vestidos eran de muchos colores, y tenían en la mano espadas y
ballestas y pendones alzados. Y el rey y los altos hombres estaban muy espantados por
aquellas pinturas que vieron.
Capítulo
554: De la fuerza que fue hecha
a la hija o a la mujer del conde Julián,
y de como el conde se conjuró por eso con los moros.
Era costumbre en aquel tiempo criarse los donceles y doncellas, hijos de los altos hombres,
en el palacio del rey. Y había entonces entre las doncellas de la cámara real
una hija del conde Julián, que era, además, muy hermosa. Y el conde
Julián era un gran hidalgo, y venía de gran linaje godo; era muy preciado en
el palacio y bien probado en las armas. Era rico y heredero del Castillo de Consuegra.
Así pasó que había de viajar este conde Julián a tierra de África
por mandado del rey Rodrigo. Y estando allí el conde, el rey tuvo
relaciones con su hija por fuerza. Antes de esto, el rey había hablado de casarse con
ella pero no lo había hecho todavía. Algunos dicen que la violada fue
la mujer del conde Julián. Pero fuera cualquier de las dos que fuera, por esto
se levantó la destrucción de España.
Y el conde Julián volvió de su misión y supo luego la deshonra de su
hija o de su mujer porque ella misma se lo descubrió; y aunque le pesó
mucho, como él era hombre cuerdo y encubierto, fingió que no le importaba
nada, y hasta mostró ante la gente semajanza de alegría. Pero después
de comunicarle al rey los resultados de su misión, tomó su mujer y se fue sin
despedirse. Y así en medio del invierno pasó la mar y se fue a Ceuta y
dejó allí la mujer y sus posesiones, y habló con los moros. Entonces
volvió a España y fue ante el rey y le pidió la hija diciendo que se
había enfermado gravemente la madre y que ella deseaba ver a su hija.
El conde tomó entonces a su hija, y la llevó y la dio a su madre.
En aquel tiempo poseía el conde Julián la Isla Verde, que ahora se llama en
árabe Algeziratalhadra. Y de allí había hecho él a los
bárbaros gran guerra y gran daño, tanto que tenían gran miedo de
él.
Capítulo
555: De la primera entrada que los
moros hicieron en España
En el segundo año del reinado del rey Rodrigo había en África un
príncipe llamado Muça que tenía aquella tierra de mano de Vlid, el
amiramomelín de los moros. Con este Muça había concertado el
conde Julián su traición, prometiéndole que le daría toda
España si Muça se fiara de él. Y cuando este Muça oyó aquello que le
decía el conde Julián, le placía mucho y se alegró, porque ya
había probado la fuerza del conde en las batallas y en los encuentros que su gente
había tenido con él. Y Muça luego envió decir esto a Vlid, el
amiramomelín. Vlid cuando lo oyó le mandó que no fuese solo a
España, porque temía que entrara en peligro, sino que enviase algunos de sus
hombre para probar que era verdad lo que decía el conde.
Muça entonces envió con el conde un hombre llamado Tarif con doscientos
caballeros y trescientos peones. Y ésta fue la primera entrada que hicieron los moros
en España. Y con aquellos moros estaba el conde Julián hasta que le vinieron
los parientes y amigos y partidarios por quienes había enviado. La primera corredura
que hicieron fue en Algeziratalhadra, de donde se llevaron gran botín y gran robo y
la destruyeron junta con otros lugares de la costa.
La mezquina de España, que desde el tiempo del rey Leovigildo había estado
más de ciento cincuenta años en paz, comenzó entonces a ser destruida y a
sentir las pestilencias que ya había conocido en el tiempo de los romanos. El conde
Julián hizo entonces gran daño y gran matanza en la provincia Bética,
que es tierra de Guadalquivir, y en la provincia de Lucena. Y volvió a Muça
con los moros que éste le había dado, brioso y soberbio.
Capítulo 557: Cómo fue perdido el rey Rodrigo
Cuando el rey Rodrigo supo de la destrucción que habían hecho el conde
Julián y los moros, juntó todos los godos que con él estaban y
persiguió muy atrevidamente a los moros. Los alcanzó en el río que
llaman Guadalet, que está cerca de la ciudad de Jerez. Y los cristianos estaban en
una ribera del río y los moros estaban en otra. El rey Rodrigo andaua con su corona
de oro en la cabeza y vestido de paños gran peso y en un lecho de marfil llevado por
dos mulas, porque así tenían los reyes godos costumbre de viajar. Entonces
comenzaron la batalla, y duró ocho días. No cesaron de batallar de un
domingo hasta el otro. Y murieron del ejercito de Tarif bien diecisiete mil hombres; pero el
conde Julián y los godos que andaban con él lucharon tan fieramente que quebraron
las azes de los cristianos. Y los cristianos, porque estuan holgados y desacostumbrados de
armas por la gran paz que habían tenido se hicieron todos flacos y viles y no pudieron
sufrir la batalla; les volvieron las espaldas y huyeron. [. . .]
Dicen que en el ejército de los cristianos había más que cien mil
hombres de armas, pero estaban débiles y flacos porque habían pasado dos
años en gran pestilencia y hambre, y la gracia de Dios se había apartado y
alongado de ellos y Dios había quitado su poder y su protección de los
hombres de España. Así que la gente de los godos, que siempre fue vencedora y
noble y que había conquistado toda Asia y Europa y que había vencido a los
Vándalos y los había echado de la tierra de España,
aquella gente tan poderosa y tan honrada
fue ahora turbada y quebrantada por poder de los árabes. El rey Rodrigo estaba muy
fuerte y sufría bien la batalla, pero las manos de los godos, que solían ser
fuertes y poderosas, eran encorvadas ahora y encogidas; y los godos que solían
verter la sangre de los otros, perdieron allí la suya en poder de sus enemigos.
El rey Rodrigo, a veces huyendo, a veces volviendo, sufrió por mucho tiempo la
batalla. Los cristianos luchaban, pero estaban muertos la mayor parte de ellos y habían huido
muchos otros. Nadie sabe lo que le pasó al rey Rodrigo en esta lucha. Pero la corona
y los vestidos y la nobleza real de los zapatos de oro y de piedras preciosas y su cavallo
Orella fueron hallados en un tremendal junto al río Guadalet sin el cuerpo. De
allí en adelante nadie supo qué le pasó, sino que más tarde en
la ciudad de Viseo en tierra de Portugal fue hallado una tumba en que estaba escrito:
«Aquí yace el rey Rodrigo, el postrimero rey de los godos».
Maldita sea
la saña del traidor Julián porque fue muy perseverada. Maldita sea su ira
porque fue muy dura y mala, porque estaba loco con su rabia [. . .], olvidado de lealtad,
desacordado de la ley, despreciador de Dios, cruel en sí mismo, matador de su
señor, enemigo de su casa, destructor de su tierra, culpable y traidor contra todos los
suyos. Amargo es su nombre en la boca de quien lo nombra; duelo y pesar causa su
memoria. Su nombre sea siempre maldito de cuantos de él hablen.
Capítulo
558: Del loor de España
como es
cumplida de todos bienes
Dios honró y dotó cada tierra y cada provincia del mundo en distintas maneras.
Pero entre todas las tierras la de occidente que él honró más fue
España porque la abastó de todas aquellas cosas que el hombre suele
querer. Desde el tiempo en que los godos andaban por muchas tierras por una parte y por
otra, provándolas por guerras y por batallas y conquistando muchos lugares en las provincias
de Asia y de Europa, ellos hallaron que España era el mejor de todos, y la preciaban
más que ninguno de los otros porque España excede todas las otras tierras del
mundo en su extrema abundancia. [. . .] Pues esta España de que hablamos tal es
como el paraíso de Dios porque se riega con cinco ríos caudales que son
Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir, y Guadiana. Y cada uno de ellos tiene entre sí y el
otro grandes montañas y tierras. Y los valles y los llanos son grandes y anchos, y por
la bondad de la tierra y el humor de los ríos tienen muchos frutos y son abondados.
La mayor parte de España se riega de arroyos y de fuentes y nunca menguan los pozos
en cualquier lugar donde se les necesite.
España es abondada de granos, deleitosa de frutas, viciosa de pescados, sabrosa de
leche y de todas las cosas que se hacen de ella, llena de venados y de caza, cubierta de ganados,
lozana de caballos, provechosa de mulos, segura y bastida de castillos, alegre por buenos
vinos, holgada de abundancia de pan, rica de metales, de plomo, de estaño, de
mercurio, de hierro, alambre, de plata, de oro, de piedras preciosas, de toda manera de
piedra mármol, de sales de mar y de salinas de tierra y de sal en peñas y de
otro muchos minerales. España sobre todas tierras es ingeniosa, atrevida y esforzada en la
lucha, ligera en afán, leal al señor, dedicada en el estudio, elegante en la
palabra, cumplida de todo bien. [. . .] ¡Ay, España! no hay lengua ni ingenio
que pueda contar tu bien. [. . .]
Pero este reino tan noble, tan rico, tan poderoso, tan honrado, fue derramado y astragado súbita y violentamente por
desconcierto de los de la tierra que volvieron sus espadas
contra sí mismos unos contra otros, así como si les faltaran enemigos. Y perdieron
allí todos, porque todas las ciudades de España fueron presas de los moros y
quebrantadas y destruidas de mano de sus enemigos.
Modernizada a base de la PRIMERA CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA. ed. Ramón Menéndez Pidal, et al.. Tomo 1. Madrid: Gredos, (1955). 309-12.