Obanos

Entre Pamplona y Puente la Reina se encuentra el pueblo de Obanos, lugar asociado con la curiosa historia de dos santos hermanos. Santa Felicia, hija de la poderosa casa provenzal de los duques de Aquitania, figura entre los devotos de la nobleza europea medieval que hicieron el peregrinaje a Santiago. A la vuelta de su viaje, Felicia decidió deshacerse de sus posesiones mundanales y quedarse como ermitaña en el pueblo de Amocain, dedicándose al servicio de los peregrinos jacobeos que pasaban por aquella zona.

Al saber la decisión de la santa mujer, su hermano Guillermo, el poderoso duque de Aquitania, salió en su busca, y al encontrarla, pobre y humilde en este rincón apartado de España, le mandó que volviera a su vida anterior, al rico ducado de su familia. Cuando ésta se negó a cumplir con el mandato de su hermano, Guillermo, lleno de rabia, le dió muerte a puñaladas.

El duque, volviendo en sí y viendo su crimen, se arrepintió al punto y, después de haber hecho a su vez la peregrinación a la tumba del apóstol, quedó en Obanos para seguir en las obras pías que había comenzado su santa hermana. Lloró su gran pecado hasta su muerte

Actualmente, una humilde estela, al borde del camino que sube a la Ermita de Santa María de Arnotegui, recuerda estos hechos y la presencia de sus restos en la ermita. En la sacristía de la iglesia de San Juan Bautista, también en Obanos, se conserva como reliquia el cráneo de San Guillermo, enfundado en cubierta de plata. Por una original tradición, todos los años, el jueves de Pascua, se reparte al pueblo vino con agua, pasado por la venerada reliquia.

También se representa anualmente "El misterio de Obanos", una dramatización de la leyenda de los santos Felicia y Guillermo, escrita por el Canónigo Don Santos Beguiristáin, oriundo de Obanos.


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