Romances de Bernardo del Carpio

Los romances de Bernardo del Carpio derivan de una épica perdida y de leyendas que se incorporaron en formas algo diversas en las crónicas. Ni la épica ni las leyendas fueron más que narrativas pseudo-históricas. Surgieron en el siglo 12 como respuesta a las pretensiones del Cantar de Rondán francés que Carlomagno con sus francos había liberado la mayor parte de España de manos de los moros. La leyenda de Bernardo hace al héroe español el agente de la derrota de la retaguardia de Carlomagno en Roncesvalles.

La leyenda bernardiana es de origen leonés. Carpio es un castillo a orillas del río Tormes cerca de Salamanca. Alfonso II, "el Casto" reinó en Asturias entre 791 y 835.

De los tres romances aquí presentados, sólo el último es un verdadero fragmento épico. Los otros dos se compusieron en el siglo 16 a base de las crónicas.

Adaptado de Colin Smith, Spanish Ballads, pág. 59


I
Linaje de Bernardo del Carpio


En los reinos de León
el casto Alfonso reinaba;
hermosa hermana tenía
doña Jimena se llama.
Enamórase de ella
ese conde de Saldaña,
mas no vivía engañado
porque la infanta lo amaba.
Muchas veces fueron juntos
que nadie lo sospechaba;
de las veces que se vieron
la infanta quedó preñada.
La infanta parió a Bernaldo
y luego monja se entraba;
mandó el rey prender al conde
y ponerlo muy gran guarda.
II
Bernardo se enfrenta con el rey Alfonso


Por las riberas de Arlanza
Bernardo del Carpio cabalga,
con un caballo morcillo
enjaezado de grana,
gruesa lanza en la mano,
armado de todas armas.
Toda la gente de Burgos
le mira como espantada,
porque no se suele armar
sino a cosa señalada.
También lo miraba el rey
que fuera a vuela una garza;
diciendo estaba a los suyos:
`Esta es una buena lanza; 1
si no es Bernardo del Carpio
éste es Muza el de Granada.'
Ellos estando en aquesto
Bernardo que allí llegaba:
ya sosegado el caballo
no quiso dejar la lanza;
mas puesta encima del hombro
al rey de esta suerte hablaba:
`Bastardo me llaman, rey,
siendo hijo de tu hermana,
y del noble Sancho Díaz
ese conde de Saldaña;
dicen que ha sido traidor
y mala mujer tu hermana.
Tú y los tuyos lo habéis dicho,
que otro ninguno no osara;
mas quien quiera que lo ha dicho
miente por medio la barba; 2
mi padre no fue traidor
ni mi madre mujer mala,
porque cuando fui engendrado
ya mi madre era casada.
Pusiste a mi padre en hierros
y a mi madre en orden santa,
y porque no herede yo
quieres dar tu reino a Francia.
Morirán los castellanos
antes de ver tal jornada;
montañeses, y leoneses,
y esta gente asturiana,
y ese rey de Zaragoza
me prestará su compaña
para salir contra Francia
y darle cruda batalla;
y si buena ma saliere
será el bien de toda España;
si mala, por la república 3
moriré yo en tal demanda.
Mi padre mando que sueltes
pues me diste la palabra:
si no, en campo, como quiera,
te será bien demandada.' 4
III
Otro enfrentamiento de Bernardo con el rey Alfonso


Con cartas y mensajeros
el rey al Carpio envió:
Bernaldo, como es discreto,
de traición se receló
las cartas echó en el suelo
y al mensajero habló:
`Mensajero eres, amigo,
no mereces culpa, no;
mas al rey que acá te envía
dígasle tú esta razón:
que no lo estimo yo a él
ni aun a cuantos con él son;
mas, por ver lo que me quiere,
todavía allá iré yo.'
Y mandó juntar los suyos,
de esta suerte les habló:
`Cuatrocientos sois, lo míos,
los que comedes mi pan: 5
los ciento irán al Carpio
para el castillo guardar;
los ciento por los caminos
que a nadie dejen pasar;
doscientos iréis conmigo
para con el rey hablar;
si mala me la dijere
peor se la he de tornar.'
Por sus jornadas contadas
a la corte fue a llegar:
`Manténgavos Dios, buen rey,
y a cuantos con vos están.'
`Mal vengades vos, Bernaldo,
traidor, hijo de mal padre:
dite yo el Carpio en tenencia,
tú tómaslo de heredad.'
`Mentides, el rey, mentides,
que no dices la verdad; 6
que si yo fuese traidor
a vos os cabría en parte:
acordársevos debía
de aquélla del Encinal,
cuando gentes extranjeras
allí os trataron tan mal,
que os mataron el caballo
y aun a vos querían matar:
Bernaldo, como traidor,
de entre ellos os fue a sacar,
allí me distes el Carpio
de juro y de heredad;
promestístesme a mi padre,
no me guardastes verdad.'
`Prendedlo, mis caballeros,
que igualado se me ha!'
`Auí, aquí los mis doscientos,
los que comedes mi pan,
que hoy era venido el día
que honra habemos de ganar!'
El rey, de que aquesto viera,
de esta suerte fue a hablar:
`Qué ha sido aquesto, Bernaldo,
que así enojado te has?
Lo que hombre dice de burla
de veras vas a tomar?
Yo te do el Carpio, Bernaldo,
de juro y de heredad.'
`Aquesas burlas, el rey,
no son burlas de burlar;
llamástesme de traidor,
traidor hijo de mal padre;
el Carpio yo no lo quiero,
bien lo podéis vos guardar,
que cuando yo lo quisiere
muy bien lo sabré ganar.'

NOTAS

1 Este hombre es diestro en las armas.

2 miente por medio la barba: Estas palabras formuláicas son fuertísimas. Tal exclamación de un caballero al otro equivalía una invitación al duelo. Dirigida al monarca constituía la máxima falta de respeto.

3 por la república: Anacronismo. En esta época España era una colección de reinos independientes. La idea nacionalista de la república de España contra los franceses apunta hacia el pensamiento del siglo 16 cuando este romance se escribió.

4 "En campo [. . .] te será bien demandada": Es decir, lo resolveremos tú y yo en el campo de batalla. Otra vez, Bernardo, retando así al soberano, se muestra sumamente altanero.

5 Nótese que la asonancia en , con la que el poema ha comenzado, cambia en este punto a . Como se trata de un romance antiguo, tal cambio puede señalar la transición a una nueva tirada en la épica de la cual este fragmento deriva.

6 Véase la nota número 2, arriba.


GLOSIARO

infanta: princesa

suerte: manera

garza: Heron. El rey se entretiene aquí con el antiguo deporte noble de emplear aves de caza.

tenencia: costumbre feudal en la cual los castillos, las villas u otras propiedades reales eran concedidas por el monarca a sus barones en reconocimiento de algún servicio. El recipiente disponía del don mientras viviera, pero no fue hereditario; al morir el recipiente, la propiedad volvió a ser del rey. Preferibles, con mucho, eran las propiedades concedidos como señoríos o heredades, los cuales se entregaban permanentemente al control del recipiente y sus descendientes.

igualado se ma ha!: Se a atrevido a comportarse como mi igual.

do: doy