Cantiga de Santa María número 278:

"Cómo una buena dueña de Francia, que era ciega, vino a Vila-Sirga e hizo allí oración y fue luego sanada y recobró la vista. Y cómo ella, rumbo a su tierra, conoció a un ciego que también iba en romería a Santiago y le aconsejó que pasase por Vila-Sirga para que él también fuese curado."

Como sufre muy gran pena
el hombre ciego en su vida,
así hace gran merced
la Virgen en socorrerle

Quiero contaros un milagro hermoso y bello que tuvo lugar en Vila-Sirga donde la Virgen suele hacer milagros más dulces que la miel para los que en ella ponen su fe. Esto pasó en aquel tiempo cuando la Virgen comenzaba a hacer milagros en Vila- Sirga, milagros por los que fueron sanados muchos enfermos y resucitados muchos muertos. Y por estos mismos milagros venía a aquel lugar santo gente de todas partes, como fue el caso de una mujer de Francia. Esta mujer, ciega, había ido en romería a Santiago con la esperanza de recobrar la vista. Habiendo alcanzado la ciudad del apóstol, volvía a su tierra, todavía ciega.

Un día al llegar a Carrión, la hija de esta mujer, que le servía de guía, le dijo, «no vamos a parar aquí, sino que pasaremos la noche un poco más adelante, que hay al lado del camino unas chozas donde podemos acostarnos». Y hacía poco que habían salido de la villa cuando empezó a llover tan fuerte que les costó mucho alcanzar una iglesia--que era la de Vila-Sirga-- y entrar en ella. La ciega se paró delante del altar donde hizo su oración, rogando a Santa María que le quitase aquel mal para que recobrase la vista. Y fue en seguida curada, y comenzó a alabar a la Virgen Santa María.

Al día siguiente con gran alegría se lanzó de nuevo al camino hacia su tierra; y, caminando, se topó con un hombre ciego que iba a Santiago. Pero la buena dueña le aconsejó que fuese por Vila-Sirga si quería la vista recobrar. Y le contó toda su historia, cómo ella había ido con muchos peregrinos a Santiago, pero sin jamás recobrar la vista, hasta que la Madre de Dios con su gran poder se la había devuelto en Vila-Sirga.

El ciego creyó a a la dueña y, en cuanto se hubo despedido de ella, caminó con toda prisa a Vila-Sirga. Allí hizo su oración y volvió a ver, ya que no se demoró Santa María en curarlo. Y todos los que luego estos acontecimientos supieron loaron a Santa María por tan hermoso milagro como el de sanar tan rápido a dos ciegos.


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