Santo Domingo de la Calzada
Donde cantó la gallina después de asada
Este pueblo estuvo ligado al Camino de Santiago
desde sus orígenes en el siglo XI. Calzada significa sendero o camino. Santo Domingo,
un joven pastor oriundo de la región, se educó en el monasterio de Valverna y
solicitó entrar en el famoso monasterio de San Millán de la Cogolla. Rechazada
esta petición, se hizo el ayudante de Gregorio de Ostia, el legado papal, quien le
ordenó sacerdote.
A la muerte de Gregorio, Domingo se retiró al río Oja para llevar vida de
hermitaño y asistir a los peregrinos que iban hacia Compostela. Se le llama "de la Calzada"
por su determinada labor de mantener y mejorar el la vieja calzada romana que pasaba entre
Nájera y Redecilla del Camino para facilitar el paso de los romeros. En el año
1044 construyó un puente sobre el río Oja, la
más conocida de toda una serie de puentes que hizo sobre ríos, arroyos y
barrancos. También edificó una capilla dedicada a Santa María, un
hospital
y un alberge de peregrinos, hoy restarado como Parador Nacional de
Turismo.
Al apoderarse de la Rioja
en 1076, Alfonso VI de Castilla, viendo que el desarrollo del Camino contribuía a su
proyecto de la
castellanización de esta zona, se hizo
partidario del santo, de sus obras, y de su villa. El "burgo" de Santo Domingo de la Calzada
empezó como unas pocas casas construidas en torno a la hermita del santo durante su
vida. Al
morir Domingo en 1109, se veía muy crecida la población. La iglesia de Santo
Domingo de la Calzada, en la que fue enterrado, fue elevada al rango de catedral poco
después.
Las buenas obras de Santo Domingo a favor de los peregrinos de Santiago no prarecen haber
cesado con su muerte. Varias milagrosas curaciones de peregrinos, ocurridas en la villa, se
atribuyen a la influencia de Domingo. Tal fue el caso de la curación del caballero
francés poséido
por el demonio que fue librado del espíritu maligno ante el sepulcro del santo; o la de
Bernardo, un peregrino alemán del siglo XV que se curó de una infección
purulenta de los ojos al visitar la tumba de Santo Domingo; o el normando que recobró la
vista en
aquel santo lugar. Un juego de nueve tablas pintadas hoy adorna una
pared de la catedral y recuerda los milagros de Santo Domingo.
Pero el milagro más famoso--de hecho, uno de los más populares de toda la
Europa medieval--es
la célebre historia de una familia alemana que caminaba hacia Compostela. Al pasar
por Santo Domingo se alojaron en un mesón donde la moza de la casa sintió una
fuerte
atracción por el hijo de la familia y se lo hizo saber. Pero el
joven resistió los avances de la moza y ésta, humillada y recorosa,
escondió un vaso de plata en el zurrón del peregrino. En cuanto salieron los
peregrinos a continuar su camino, ella le acusó de haberle robado el vaso. Los oficiales
de la ciudad
prendieron y ahorcaron al romero. Los tristes padres siguieron su romería y, de regreso
de Compostela, descubrieron que su hijo seguía vivo en la horca, milagrosamente
sostenido y protegido por Santo Domingo. Fueron a decírselo al juez del pueblo, que en
aquel momento estaba en la mesa a punto de comer un plato de pollo. Al oir lo que le
afirmaban los padres, replicó con ironía: "Esta historia es tan verdadera como
que este gallo y esta gallina van a levantarse del plato y cantar." Así lo hicieron las aves,
ante el asombro de todos.
La primera parte de esta leyenda, la historia del
peregrino ahorcado, se cuenta en muchísimas colecciones medievales de milagros,
atribuyéndose el milagroso sostenimiento del romero al mismo Santo Domingo, a
Santiago, o a Santa María. El milagro suele situarse en la ciudad francesa de Tolosa; la
nacionalidad de la familia varía entre alemana y francesa; pero el milagro siempre es el
mismo. Se puede comparar, por ejemplo, las versiones manejadas en los Milagros de Nuestra
Señora de Gonzalo de Berceo (milagro número 6), Cantiga de Santa
María número 175 de Alfonso X, el sabio, y el Codex Calixtinus. La
segunda parte, el prodigio del gallo y la gallina, pretende apoyar la verdad del primer milagro, y es
propia de Santo Domingo de la Calzada.
Entrando a la iglesia del pueblo, el peregrino medieval
podía ver una caja de hierro que encerraba un gallo y una gallina, descendientes, se
afirmaba, de las aves asadas que cantaron. Los peregrinos recogían las plumas
caídas de las aves sagradas, o se las pedían al sacristán, y las
exhibían, orgullosos, en sus sobreros. Se
decía, además, que si las aves comían las migajas de pan que los romeros
les subían en las puntas de sus bastones, era una señal cierta de que
llegarían salvos a Compostela. Hasta hoy en día los cantos del gallo en la iglesia
se
considera signo de buen augurio. El peregrino Hermann Künig en el siglo XV
afirma haber visto el cuarto donde las aves echaron a cantar y el horno donde fueron asadas.
Otros documentos de peregrinos recuerdan que la camisa del peregrino ahorcado se conservaba
en la iglesia y que la horca misma estaba puesta en lo alto de una de sus paredes.
Estos artefactos se han perdido, pero el famoso gallinero de Santo Domingo de la Calzada, sin
duda la más curiosa decoración que jamás ha ostentado iglesia del mundo,
con su marco gótico tardío y sus rejas doradas, sigue alojando a un gallo y una
gallina blancos,
descendientes de aquellas aves que cantaron después de asadas.
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